
Calíope, musa de la poesía épica
(Giovanni Baglione, 1620)

En la antigüedad, los aedas adoraban, suplicaban e invocaban a Calíope, la musa de la épica, para que enardeciera su espíritu y diera fecundidad a sus mentes, y así pudieran componer lírica tan sublime, tan llena de pasión, que esta fuera capaz de poner en fuego los corazones de la raza humana, de hacerlos sentir vivos.
No obstante, ahora, los mortales ya no la buscan, ya no la invocan… se han olvidado de ella. Y, en consecuencia, la musa reina se ha desvanecido.
Pero, antes de desaparecer, creó una historia, surgida de su impetuosa mente; sí, ahora ella, que antes se limitaba a susurrarle a los aedas en sus oídos y a llenarlos de euforia divina…
Ahora ella creó, osada, mientras hervía por vez última su sangre olímpica, una mítica historia de su autoría, llena de brío, inspirada en esas antiguas naciones, en esas miríficas ciudades, en esos sucesos gloriosos y en esos osados e imparables héroes cuya inmortalidad ella provocó.
El último canto de Calíope…
Adéntrate en estas tierras concebidas por la musa de bella voz.
Conoce a las naciones que las hacen latir, a los dioses que adoran, los mitos que alimentan, las historias que cantan, las maldiciones que temen, los himnos que rugen.
Admira a los mortales que las habitan; con cuánta bravura pelean, con cuánta pasión aman. Estremécete con sus arrebatadoras emociones, sus vehementes pensamientos, sus intangibles heridas.
Presencia —con un excepcional nivel inmersivo, táctico y estratégico— las prodigiosas y memorables guerras que están por desencadenarse.





